Litosfera continental

    La zona de la corteza que comprende las zonas continentales del planeta se llama litosfera continental. Está formada por la corteza continental y la parte más exterior del manto. Su origen se sitúa en la abundante actividad volcánica que existió en tiempos pretéritos.

    La acumulación de los materiales vertidos por los volcanes dio lugar a largo plazo a las masas continentales. Al mismo tiempo, la litosfera oceánica, de mayor densidad, comenzó a hundirse por debajo de la continental en sus zonas de contacto a medida que ésta crecía.

    En la superficie de la litosfera continental destaca una serie de estructuras geológicas características de la misma, como las cordilleras, las cuencas sedimentarias y los escudos continentales. Las cordilleras o cinturones orogénicos suelen aparecer en los bordes de los continentes. Las rocas que las forman están muy plegadas y fracturadas.

    Además, las zonas de cordillera suelen caracterizarse por una abundante actividad tanto volcánica como sísmica. La presencia de rocas fracturadas y plegadas, así como de volcanes y sismos, hace pensar que las cordilleras son producto de enormes esfuerzos en el seno de la litosfera. Las cordilleras mecánicas, como es el Himalaya, se engendran por la colisión de grandes fragmentos de litosfera continental, lo que produce que los materiales se plieguen y rompan, al mismo tiempo que se elevan.

    Gráfico que ilustra el fenómeno de subducción por el cual una zona de corteza oceánica se desliza por debajo de otra de corteza continental.

    Por otro lado, las cordilleras térmicas, como los Andes, aparecen en zonas donde la litosfera continental entra en contacto con la oceánica. Ésta, más densa, se hunde o subduce bajo la primera. El proceso hace que la litosfera continental se eleve en parte, mientras la oceánica se desliza por debajo. Así se forman pliegues y fracturas del terreno. Según la edad de los cinturones orogénicos, éstos se dividen en hercinianos, que son los más antiguos, y alpinos, o más recientes.

    Los escudos continentales, o escudos precámbricos, puesto que datan de esta era geológica, son formaciones que aparecen en el interior de los continentes. Poseen una gran extensión y relieve más bien escaso. Debido a su antigüedad se hallan muy erosionados, de ahí la falta de relieve. Lo normal es que los escudos estén rodeados por cordilleras. En cuanto a su composición, destaca la abundancia de rocas metamórficas, alternadas con intrusiones de materiales ígneos. Algunos ejemplos de escudos precámbricos son el escudo canadiense y el siberiano, y en el hemisferio sur, el africano y el australiano.

    Las llamadas plataformas estables se dan, por el contrario, en los bordes de los continentes, rodeando tanto a los escudos como a las cordilleras que los circundan. Se trata de extensas llanuras formadas por materiales sedimentarios.

    Otras estructuras que se presentan en la litosfera continental y que albergan una notable importancia son las cuencas sedimentarias. Consisten en zonas donde la superficie terrestre se halla más baja que en las regiones circundantes. Tal diferencia de nivel favorece la acumulación de sedimentos en estas zonas, cuyo peso provoca que se hundan todavía más, aumentando las dimensiones de la cuenca. En estos lugares se encuentran algunos de los mayores yacimientos petrolíferos del planeta.